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Cuatro razones por las que las ciudades australianas estén obsesionándose con el ciclismo.

cycling copenhagen

En esta entrada de su blog ‘Cycling in a broad church,’ @GregVann escribió recientemente «Los daneses no se consideran ciclistas a sí mismos – de la misma forma que por usar aspiradores no se consideran “¡aspiradores profesionales!”» Esto me hizo pensar. ¿No le estaremos dando demasiadas vueltas al ciclismo en Australia?

Yo creo que sí Existen cuatro aspectos que fomentan este planteamiento excesivo:

1. Opciones

Tenemos muchas opciones posibles hoy en día. Podemos elegir dónde vivir, dónde trabajar, a qué escuela enviar a nuestros hijos, incluso dónde pasar nuestras vacaciones de navidad.

Cuando yo era joven, únicamente había una escuela pública y todo el mundo iba a esa. Casi todos nuestros padres trabajaban en la fábrica de aglomerados y nuestras madres tenían cualquier trabajo que estuviera cerca de casa. En Navidad, ni te pasaba por la cabeza ir de vacaciones a la playa. Ibas a casa de tus abuelos, es lo que había.

Ahora le damos mil vueltas a todo porque los medios de comunicación nos dicen que tenemos que aprovechar que somos más ricos y exitosos.

Lo mismo pasa con el ciclismo urbano. Las ciudades australianas quieren ser Copenhague o Ámsterdam. Queremos que nuestros alcaldes sean como Boris Johnson o Janette-Sadik-Khan. Exigimos tener un sistema púbico de préstamo de bicicletas que tenga tanto éxito como el de París o Dublín. Buscamos desesperadamente nuevos consejos de ciudades «de éxito» europeas, pero luego nos hacemos un lío con las ideas más conflictivas y terminamos ignorando nuestra «formación cultural».

Tantas opciones nos llevan a pensar en todo demasiado y acabamos por no hacer casi nada.

2. Derechos

Nos hemos hecho a la idea de que tenemos derechos irrenunciables. La mayoría de australianos creen que tienen derecho a ganar mucho dinero, a ir al trabajo en coche y a que se escuche siempre su opinión. Cuando estas expectativas no se cumplen, que suele ser lo habitual, se niegan a aceptar esa derrota y empiezan a pensar demasiado sobre por qué no están consiguiendo lo que se merecen, lo que les pertenece.

En el mundo del ciclismo urbano es lo mismo:

– Los motoristas creen que los ciclistas deberían pagar una matriculación;

– Los ciclistas deportivos opinan que los ciclistas urbanos más lentos deberían apartarse cuando gritan «cuidado bici»;

– Los ciclistas urbanos piensan que los peatones deberían ir en fila en las vías compartidas.

Obviamente estos ejemplos son algo exagerados, pero os hacéis una idea. La obsesión por defender nuestros derechos nos lleva a pensar también demasiado. Perdemos un tiempo muy valioso, discutiendo y enfadándonos por qué no conseguimos lo que creemos que merecemos, que podríamos estar usando de manera más eficaz en resolver los verdaderos problemas de nuestras ciudades.

3. Soluciones inmediatas

Hemos desarrollado una necesidad vital de «soluciones inmediatas». A veces, estas soluciones inmediatas son la mejor opción, pero suelen estar basadas en insatisfacciones momentáneas y muchas veces tienden a acumular una gran lista de fallos. A mi amigo John le gusta explicar al ayuntamiento lo que piensa sin tapujos, pero estas acciones tan bienintencionadas suelen significar que la gente que está intentando hacer verdaderos cambios pierde el tiempo solucionando sus interminables insatisfacciones.

Es como si darle mil vueltas a sus asuntos les hiciera sentirse más importantes de lo que son.

Si de verdad queremos que nuestras ciudades sean buenos lugares para las bicicletas, tenemos que hacer un ejercicio de reflexión e identificar los problemas reales y así diseñar soluciones a largo plazo que puedan resolverlos.

4. Egocentrismo

Hemos creado una cultura de «mirarse el ombligo», analizando constantemente cada pequeño detalle de nuestra vida. Sobre analizamos todo: las dos nuevos ciclistas que hemos añadido a nuestro tráfico y las predicciones de movilidad para el año 2050. En el mundo del ciclismo, raras veces optamos por una respuesta fácil.

– Quizás la gente no va en bicicleta porque prefiere ir en bus;

– A lo mejor el problema es que la mayoría de australianos nunca han estado en Copenhague y, claro, no tienen idea de lo que significa que todo el mundo vaya en bicicleta.

Si realmente queremos que el ciclismo se normalice, tenemos que dejar de estar tan preocupados y empezar a averiguar qué tipo de ciudad quiere la gente. Quizás los australianos empiezan a coger la bicicleta de forma natural del mismo modo que usan la aspieradora, ¡al menos una vez a la semana!

¿Qué crees tú? ¿Estamos obsesionándonos con el ciclismo urbano?¿Deberíamos dejar de pensar en este tema y aceptar lo que tenemos?

Me gustaría mencionar el trabajo tan increíble de la Dra. Susan Nolen-Hoeksema, cuyo empeño en que se planteen problemas en las universidades de los EE. UU. ha inspirado el contenido de este blog. Gracias, Susan.

Rachel Smith es la asesora de transportes principal con AECOM en Brisbane. Es la fundadora de Cycling Super Highways, creadora de We Heart Cycling, co-fundadora de Lazy Sunday Cycle y parte del BMW Guggenheim Lab.

Imagen vía Kieran Lyman

Traducción por Manuel Nañez Ordoñez