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El Edificio Viejo, el Joven y el Vínculo Comunitario

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Esta entrada también esta disponible en: Inglés, Chino tradicional

Uno de los desafíos más habituales en la preservación del patrimonio histórico es conseguir la participación pública en la conservación de lo que se consideran “casos difíciles”. Esos edificios de gran tamaño para los que es complicado encontrar nuevos usos, o de esos otros que albergan sentimientos colectivos negativos. Una solución para superar estas percepciones es hacer que los ciudadanos interactúen con el edificio de una forma nueva de modo que puedan “enamorarse”, otra vez, de él. No esperes hasta que alguien encuentre una solución tradicional o se complete la restauración; mete a la gente en el edificio tan pronto como sea posible para fomentar el nacimiento de nuevas memorias y vínculos.

Eso es exactamente lo que hizo “La Ciudad de la Noche” en Buffalo, Nueva York. Se invitó a los ciudadanos a los silos de cereales para disfrutar de una noche de arte, música, gastronomía y celebración. Hay un gran número de estas estructuras en Buffalo (ya que fue hace tiempo el centro de la industria de los cereales), pero la mayor parte están abandonados, actuando como un recordatorio la decadencia de la ciudad. La ciudad está considerada dentro del “Rust Belt” (el cinturón del óxido), área industrial cuya economía y población está declinando, y crece un sentimiento por el desmantelamiento de estas estructuras.

Aún así, un apasionado grupo de jóvenes profesionales conservacionistas, miran más allá del pasado industrial de estos artefactos e intentan darles nuevos significados. Organizan paseos y excursiones en barca durante el verano, pero la celebración de “La Ciudad de la Noche” supuso una importante diferencia: Le dio la oportunidad a los ciudadanos de entrar en esta “ciudad de silos” y tener un contacto cercano con estas instalaciones.

Me enteré del evento en Twitter y me animé a venir. Me traje a un amigo desde nuestro barrio en Hamilton, Ontario, a una hora de distancia. Al llegar, simplemente seguimos a la multitud. No había apenas señalización, teníamos un mapa pero no lo utilizamos, dimos una vuelta explorándolo.

Dentro de la estructura principal se habían dispuesto instalaciones artísticas sobre el cultivo de cereales, impresionantes fotos de los silos de grano de Buffalo y murales fotográficos sobre el lugar. Se podía explorar libremente el silo así que subimos doce pisos de escaleras para disfrutar de una sorprendente vista del centro de la ciudad de Buffalo, y del complejo industrial.

El segundo almacén, la antigua Malt House (donde se fabricaba malta para bebidas), contenía exposiciones de diversos artistas y mi instalación favorita. El edificio se había usado para algún tipo de cocción, por lo que había grandes hornos y respiraderos que se habían pintado de verde claro, en contraste con las paredes que estaban pintadas de blanco. En uno de los pasillos había una gran lámpara de araña perfectamente iluminada. Se titulaba “la bola de demolición” y representaba la transformación de las estructuras industriales en espacios culturales. Me encantó el contraste entre la clásica araña y la decadencia del espacio.

En el tercer almacén había una serie de instalaciones luminosas y musicales y un mural de 360° del perfil urbano de Buffalo, que encajaba en el espacio circular de los silos.

El acontecimiento fue un éxito porque aprovechó el deseo de la gente de explorar los silos; La falta de señalización dejaba los recorridos a la curiosidad de cada uno. Apenas había barreras que impidieran el acceso a los espacios, y daba la impresión de que estabas introduciéndote en un mundo secreto. La combinación de instalaciones artísticas, actuaciones y música imprimió nueva vida y nuevos significados a los silos.

La gente pasó la noche paseando, explorando el lugar, tomando fotos, admirando las obras de arte, escuchando música, y disfrutando de la fiesta y la comida. Estaban atesorando nuevos recuerdos de un espacio previamente abandonado. Ójala los ciudadanos de Buffalo tengan ahora un nuevo vínculo con ese espacio y sean más proclives a defender su protección.

 

Kayla Jonas Galvin es una experta en patrimonio y activista medioambiental. Escribe el blog Adventures in Heritage.

Traducción por Raúl Vilar.