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No Compres Nada Nuevo: ¿Puede Este Experimento de un Lifestyle Sustentable Transformar Ciudades?

trash river

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Dos semanas atrás accidentalmente dejé mi chaqueta de vellón negro en mi silla después de un vuelo. La había arrollado como una almohada y en la carrera para salir del avión – o mas bien la estampida de personas sin tiempo a mi alrededor – dejé dicha prenda en la dicha silla. Completamente mi propia culpa y normalmente no sería un gran problema. Pero ahora no, porque este año las cosas están diferentes. Este año esto tomando una decisión de estilo de vida y un experimento. Me estuve llamando de revolucionaria porque no compro nada nuevo (o de segunda mano) por un año entero. Lo intenté el año pasado y logré hasta fines de Abril. El año pasado veía no comprar nada como una privación llena de fatalidad y pesimismo. Como un año de castigo. Este año veo ‘un año sin compras’ como una magnífica oportunidad. Hasta he creado algunas ‘reglas’:

  • Sí, me ‘permito’ comprar comida y artículos esenciales de higiene
  • No compro ninguna ropa nueva o de segunda mano, ni zapatos, libros, itunes, revistas, artículos de casa o ‘cosas’ en general

Y ahora queda aparente la mordacidad de la chaqueta de vellón. Años atrás hubiera comprado una nueva, porque es lo que hace la gente. Compramos lo que ‘queremos’ y lo que pensamos que ‘necesitamos’.

Sobre mí y ‘cosas’ he aprendido lo siguiente:

  • Estoy usando lo que ya tengo. Yo viajaba mucho. Descubrí veinte tubos de 5g de pasta de dientes de alta calidad escondidos en el fondo de mi armario de baño, entonces los estoy agotando ahora, no salvándolos para ‘más tarde’. Psicoterapita Stelios Kiosses, que trabaja con acaparadores extremos, dice que hay un poco de acaparador en todos nosotros y hasta yo cuestioné mi sanidad cuando conté 84 barras de jabón de hoteles.
  • Estoy haciendo mejor uso de los bienes que ya tengo. No soy una Imelda Marcos pero como la mayoría de las mujeres occidentales, si soy honesta, solo visto 50% de las ropas que tengo. Entonces las junté todas – el contenido completo de mi guarda ropas – y miré, medité, ordené, re-ordené y las puse todas de vuelta y ahora este año las visto todas. Y las cosas que realmente no me gustan. Bueno, estoy haciendo parte de una ‘Fiesta de Intercambio de Ropas’ con mis [email protected]
  • Me gusta compartir. Un libro que había querido leer hace mucho apareció en el estante para compartir de mi bloco de apartamientos. Lo leí y lo devolví y ahora estoy intercambiando y compartiendo los libros que ya leí con mis vecinos, amigos y colegas. Como Rachel Botsman dice, “no tenemos que poseer una taladradora, solo queremos un hueco en la pared”.
  • Tengo más tiempo. Mas que nada he aprendido que muchas personas pasan mucho tiempo gestionando sus cosas y parece que están desesperadas por compartir su dolor. Mi amiga Julie me dijo como pasó todo el fin de semana moviendo las cosas que no usa de un lado a otro en su garaje. Mi mejor amiga Sarah en el Reino Unido me escribió cuentos de finalmente ‘limpiar bajo las escaleras’ mientras mi colega Jodie me dice que es la ambición de vida de su familia a ‘reducir el tamaño de sus trastos’.
  • Y, si tengo éxito – I estoy determinada a tenerlo – voy a escribir un libro y crear un programa de 6 semanas para que [email protected] sigan mi sueño.

Entonces, ¿mi resolución de no comprar nada nuevo podrá realmente transformas ciudades? Yo creo que sí. Imagina un mundo en que realmente usamos al agotamiento todos nuestros bienes existentes. Imagina si estaciones de tren y parqueos para viajeros de trabajo en el centro de ciudad fueran alquilados para festivales conciertos y eventos comunitarios en los fines de semana. Imagina si buses escolares fueran usados para el transporte de turismo durante las vacaciones escolares y si parqueos de bares o iglesias fueran usados como el punto de partida para ‘caminar al bus escolar’ cada mañana.

Visualiza una ciudad en que usamos todo lo que ya tenemos. Visualiza los tejados de oficinas y fábricas transformadas en jardines urbanos, arcenes de hierba suburbanos transformados en huertas y parques para jugar abandonados tornados en asignaciones urbanas. Visualiza un cobertizo compartido y un ‘carro comunitario’ al fin de cada calle suburbana y como parte de cada nuevo desarrollo de edificios residenciales en el centro de la ciudad. Concibe un mundo en que poseemos menos y hacemos más – en que tenemos tiempo para jugar en el parque y charlar en la calle. Concibe un mundo en que ciudades son hechas de personas y no de montones de ‘cosas’ no deseadas y inusitadas.

Rachel Smith es planeadora de transporte en AECOM en Brisbane, autora y bloguera. Construye y ayuda a implementar programas para aumentar la seguridad vial y reducir el uso del carro.  

Imagen via Clemens Vogalsang

Traducción por Kim Carlotta von Schönfeld, estudiante de estudios urbanos en la Universidad de Amsterdam, con experiencia y interés particular (no exclusivo) por Latinoamérica.