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Una Dosis de Realidad Social desde la Frontera de San Diego-Tijuana

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He cruzado la frontera de San Diego-Tijuana muchas veces, probablemente miles de veces. Cada vez es un proceso reflexivo, tal vez por que todo que puedo hacer es esperar a pasar al otro lado, de carro o a pie. No puedo simplemente sacar un libro como cuando viajo de metro y disfrutar del viaje, tengo que estar vigilante pero paciente. Si estoy de carro tengo que estar vigilante para estar segura de que nadie intenta cortarme la vía o furtivamente limpiar el vidrio del carro sin mi permiso, pero también no puedo hacer demasiado contacto visual con los vendedores de calle en la frontera si no estoy interesada en comprar nada, desde chicle a mantas o cualquier variedad de recuerdos que tienen en venta.

Un por medio de 66,000 carros y 28,500 pedestres cruzan la frontera de San Diego-Tijuana diariamente. Esta región fronteriza es la más concurrida y mayor frontera terrestre en el hemisferio occidental. Aunque tiene dos portales de entrada oficiales, no hay mucha diferencia entre el portal de entrada San Ysidro y el Otay Mesa. El anterior es mayor que el último, pero los dos son ilustrativos de las ofensas sociales de gran alcance de la región.

Cruzar hacia México es bastante simple excepto cuando la congestión aumenta entre 3PM y 5PM, pero hasta en ese caso solo son atracos de trafico y controles de seguridad intermitentes para ver si los que cruzan la frontera tienen que pagar impuestos de venta adicionales para traer productos de los EEUA a México. El cruce hacia el norte a San Diego es donde queda mas desafiante y complicado. La entrada a los Estados Unidos es mucho más astringente y puede tomar horas. En los últimos años, el condado de San Diego creó una fuerza especial que trabaja en proyectos extensivos de renovación que incluyen mejoras en la experiencia de espera en la frontera, pero esto conllevará algo más que simples embellecimientos.

Tal vez es por causa de experiencias anteriores o inquietud que siento de visitantes que nunca han cruzado esta frontera épica antes que me encuentro preparándolos y dándoles consejos para hacerlo menos doloroso. Mismo con consejos todos siempre parecen conmocionados con toda la experiencia, especialmente cuando decido esperar con ellos en los carriles públicos – tengo un pase SENTRI y puedo usar un carril especial designado que va mucho más rápido, pero mis pasajeros que no tienen un pase SENTRI o un pase GOES tendrían de salir del coche y cruzar a pie hacia dónde normalmente hay menos personas esperando. Sin embargo, hasta con personas con mucha experiencia viajando por el mundo, queda evidente que no se sienten confortables con la opción de cruzar solos a pie.

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Mientras quedo sentada esperando con ellos, intentando responder sus preguntas sobre por qué las cosas aquí son como son, y aunque trabajo en un área de justicia social, no puedo parar de contemplar si me he vuelto insensible a las dinámicas de poder en juego: desde los que pueden cruzar la frontera, hasta por cual carril has pagado (o no) para usar en la espera – el pase SENTRI tiene un costo, a los vendedores de frontera y mendigos moviéndose entre los carriles, hasta la insolencia altamente probable del agente de patrulla fronteriza que experimentaremos antes que oficialmente manejemos hacia territorio estadounidense. No es inusual ver niños o viejos trabajando el trafico de espera en la frontera. Una vez vi una mujer embarazada empujando un cochecito y pidiendo dinero a las 11PM. Esa noche también había un niño pequeño colocando piedras en los carriles con esperanza que alguien tuviera que reparar su rueda durante la espera, por que algunos metros mas adelante había un hombre que repara ruedas mientras pasajeros esperan a pasar la frontera.

Es una frontera muy empresarial. Mientras intento calmar a mis pasajeros (amigos, colegas o conocidos del trabajo) preocupados y emocionados por la experiencia de ver gente intentando cubrir sus necesidades en la frontera infestada de humo, les cuento que algunas de esas personas lo tienen mejor que otros que ni tienen los medios para participar en la economía de la espera fronteriza.

Claro que es fácil decir que hay una falta de servicios sociales del lado Mexicano, pero también cuento como en San Diego también hay muchas ofensas sociales. Aquellos con salarios limitados, los pobres que están del lado de los Estados Unidos, legalmente o ilegalmente, y de cualquier país, también encuentran condiciones de trabajo y vivienda por debajo del estándar. A pesar de esto por alguna razón las calles mas limpias y verdes hacen su situación mas tolerable, agradable, y menos visible.  A pesar de las ofensas sociales y económicas que la frontera ilumina, proyectos para mejorar la frontera tanto del lado de México como de los Estados Unidos se han simplemente enfocado en facilitar más la corporativa economía transfronteriza, y dado poca consideración a mejoramientos de equidad social que también pueden mejorar la experiencia de la espera fronteriza.

Claudia Huerta es planificadora urbana viviendo en la Ciudad de Nueva York.

Imágenes provenientes de Christian Javan y Kordian.

Traducción por Kim Carlotta von Schönfeld, estudiante de estudios urbanos en la Universidad de Amsterdam, con experiencia e interés particular (no exclusivo) por Latinoamérica.